Muerte de candidato en Ecuador evidencia la crisis del viejo orden en el subcontinente – A Nova Democracia

Publicamos una traducción no oficial del artículo de A Nova Democracia encontrado aquí.

El 9 de agosto, Fernando Villavicencio, candidato a la presidencia de Ecuador, recibió tres impactos de bala en la cabeza cuando salía de un mitin político en el Anderson College de Quito. Según los monopolios de la prensa ecuatoriana, en el ataque se efectuaron alrededor de 30 disparos y alrededor de nueve personas resultaron heridas, entre ellas el candidato presidencial y dos policías. La semana pasada, Villavicencio denunció amenazas del cártel de “Los Choneros”, cuyo grupo disidente “Los Lobos” se atribuyó el atentado contra el candidato presidencial.

El presidente de Ecuador, Guillermo Lasso, en un comunicado realizado en la madrugada de este jueves 10/08, decretó estado de excepción en el país y afirmó que las elecciones se realizarán con normalidad el 20 de agosto y que la ejecución de Fernando Villavicencio es “la mejor razón para votar y defender la democracia”.

Guillermo Lasso, el 17 de mayo de este año, disolvió el parlamento y convocó nuevas elecciones en un intento de evitar su juicio político, cuyas motivaciones están dadas por graves acusaciones de desvío de dinero. Lasso fue acusado de desvío de dinero y malversación de dinero público en beneficio de contratos de transporte de petróleo. Ante la grave crisis política que vive Ecuador, Lasso es rechazado por el 80% de la población y ante la probabilidad de ser destituido de la presidencia, utilizó una medida denominada “muerte cruzada” que permite al mandatario gobernar por decreto hasta que se celebren las nuevas elecciones. En otras palabras, una grave crisis política e institucional se ha instalado en Ecuador en los últimos meses. Mediante un decreto, Lasso aprobó la reaccionaria “reforma fiscal” que como la de Brasil, no representa los intereses de las masas populares, sino la garantía de la estabilidad económica para las clases dominantes.

Este ataque político, en un marco tan complejo de crisis económica, política, institucional y militar, no es exclusiva del Ecuador. De hecho, es un síntoma de la descomposición acelerada del sistema de explotación y opresión en toda América Latina.

En el subcontinente, el hambre aumentó en 13,2 millones de personas, alcanzando un total de 56,5 millones en 2021, según el informe “Panorama Regional de la Seguridad Alimentaria y Nutricional en América Latina”, elaborado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para la Alimentación y la Agricultura ( FAO) y publicado a principios de año. Además, más de 131 millones de personas no pueden permitirse el lujo de comer de una forma sana. La deuda total de la región de América Latina y el Caribe aumentó a $ 5,8 billones, o el 117% del PIB en la región en su conjunto durante el año pasado. Durante la pandemia, la deuda pública se disparó a más del 70% del PIB en las naciones latinoamericanas.

La crisis del imperialismo en el subcontinente no se detiene ahí. En datos del Balance Preliminar de las Economías de América Latina y el Caribe de 2022, divulgado por la Secretaria Ejecutiva de la Comisión Económica Para América Latina y el Caribe (CEPAL), se estima que la desaceleración de la economía en América Latina alcanza una tasa del 1,3%. Además, este año la tasa de crecimiento del PIB proyectada por el Banco Mundial para América Latina y el Caribe alcanzará el 1,4% y la inflación alcanzará el 9,9%.

En consonancia con la profundización de la crisis económica, crece la crisis política y social en América Latina. La encuesta divulgada este año por Latinobarómetro analizó la situación política en 17 países y concluyó que América Latina atraviesa una “recesión democrática”, señalando índices de inestabilidad política y el crecimiento de regímenes de extrema derecha. En un informe, la organización señala que entre estos 17 países, 21 presidentes fueron condenados por corrupción y 20 no completaron sus mandatos. Otros, aplicando medidas de mayor centralización política en el Ejecutivo han buscado dar continuidad a sus gobiernos pero han agravado la inestabilidad política, como es el caso de Lasso en Ecuador.

Según la encuesta, la insatisfacción con la llamada “democracia” afecta a alrededor del 69% de los encuestados, mientras que la aversión a los golpes y regímenes militares afecta a alrededor del 61% de los latinoamericanos y al 63% en Brasil. Por ello, en los últimos diez años se han producido explosiones de violentos levantamientos populares en Chile, Ecuador, Bolivia, Colombia y Brasil (2013). La realidad y los datos demuestran sólidamente que el sistema político no puede mantener la estabilidad del viejo orden.

Tal situación explica el grado de crisis económica y política general que hoy azota al globo, especialmente a América Latina, que emerge como uno de los eslabones débiles de la cadena de dominación del imperialismo. No vivimos tiempos de paz mundial y democracia y casos como el asesinato de Villavicencio, candidato presidencial, así lo demuestran.

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