Filipinas – Ang Bayan: una vida amarga para los campesinos cafeteros de Sultan Kudarat

A continuación compartimos una traducción no oficial de un artículo publicado en el último número de Ang Bayan, del 21 de agosto.


El Senado declaró oficialmente a Sultan Kudarat la “capital del café” de Filipinas en 2023. La provincia produce el mayor volumen (35 %) del café comercial de Filipinas. El café se cultiva en más de 20.000 hectáreas de sus tierras productivas.

En los últimos años, el gobierno reaccionario ha promocionado el café robusta, supuestamente “de clase mundial”, producido gracias a los fértiles suelos y al clima fresco de las montañas de Daguma y de las tierras ancestrales de los T’boli y los Manobo de Dulangan. Ha puesto en marcha programas para “aumentar la productividad de las plantaciones”, ha construido caminos de las plantaciones a los mercados para “facilitar” el transporte de los productos y ha despejado miles de hectáreas más para plantar más café. Todos estos esfuerzos se centran en aumentar los beneficios, no de los campesinos, sino de las grandes empresas y sus socios burocráticos.

La verdad es que la vida es amarga para los campesinos del café de Sultan Kudarat. La falta de tierras y de trabajo estable es una realidad generalizada entre ellos. Sus ingresos están lejos de ser suficiente para su comida y sus necesidades básicas. Los servicios sociales son escasos, sobre todo para las familias de las zonas remotas. Se encuentran entre los que registran las tasas de pobreza más elevadas.

La mayor parte de la producción de café de la provincia se realiza a pequeña escala. Cada familia cultiva una media de una hectárea y media. Los costes de producción son elevados: solo los pesticidas y los fertilizantes suponen hasta 18.000 ₱ [Nota del traductor: pesos filipinos. Un dólar estadounidense equivale a 62.01 pesos filipinos] por ciclo de cosecha. Un estudio reveló que el mantenimiento y la cosecha de una finca de café robusta de una hectárea requieren un capital de entre 27.000 y 48.000 ₱. Para reducir los costes, toda la familia, desde los niños hasta los mayores, se encarga del desbroce, el mantenimiento y la cosecha de las fincas.

La temporada de cosecha del café dura solo cuatro meses, de octubre a enero. Dependiendo de las condiciones meteorológicas, los campesinos ganan entre 22.000 y 47.000 ₱, es decir, entre 5.500 y 11.750 ₱ al mes. Toda la familia debe buscar otro trabajo para sobrevivir durante los ocho meses siguientes, de febrero a septiembre.

Uno de estos campesinos es Pepe, casado y con tres hijos. Es propietario de algo más de dos hectáreas de terreno plantadas con café robusta. Durante los meses en los que no hay cosecha, trabaja como segador en fincas más grandes dedicadas al café y al maíz.

Las fincas cafeteras cercanas al barangay le pagan entre 300 y 350 ₱ al día por ocho horas de trabajo (sin comida). Las plantaciones situadas en las montañas o en zonas remotas le pagan 200 ₱ al día, con almuerzo incluido. Esta cantidad dista mucho de los 433 ₱ de salario mínimo diario fijados por el Estado para los obreros agrícolas de la región. Y está aún más lejos de los 1.200 ₱ diarios que necesita una familia de cinco miembros para vivir dignamente.

El salario diario de Pepe es insuficiente y le obliga a pedir dinero prestado a su jefe. Una gran parte de sus ingresos se destina a saldar su deuda cuando llega la cosecha.

Nestlé Filipinas monopoliza la producción y la fijación de precios de las cosechas de los pequeños campesinos, ya que es el mayor comprador de café robusta local, que utiliza para la marca Nescafé. La empresa compra más del 70 % de la cosecha total de café del país y el 80 % de la cosecha de la región de Soccsargen. Sus normas dictan los precios, que a su vez se basan en las fluctuaciones del mercado mundial. En 2025, Nestlé Filipinas obtuvo 3.2 mil millones de dólares de las ventas de café local.

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