AND: Editorial Semanal – Latifundio avanza con silencio cómplice

Publicamos una traducción no oficial del artículo de A Nova Democracia publicado aquí.

Esta semana se hicieron públicas dos acusaciones: la primera, la brutal ejecución de una pareja de campesinos pobres en un distrito rural de Humaitá (Amazonas, cercano a la frontera con el extremo norte de Rondônia); el segundo, la operación coordinada de pistoleros y la PM [Nota de traductor: Policía Militar] para desalojar y arrestar a trabajadores en un campamento recién construido en Cujubim (al noreste de Rondônia). Ambos muestran el recrudecimiento de la lucha por la tierra.

En cuanto al primer caso, la pareja fue identificada por los terratenientes locales, en grupos de WhatsApp, como militantes de la Liga de los Campesinos Pobres (LCP) de Rondônia que estarían en el sur de Amazonas para apoyar las tomas de tierras. Ambos murieron en su casa, de la forma más brutal. Cleide, la esposa, fue ejecutada con cinco disparos en el pecho. En cuanto al segundo caso, la denuncia, también de la LCP, es que los terratenientes organizaron una tropa con más de 60 paramilitares para asaltar el campamento, seguido de patrullas policiales que realizaron la detención de 25 campesinos. Sus motocicletas y otras pertenencias fueron destruidas por el fuego y las chozas arrasadas.

Lo que llama la atención no es la ocurrencia de crímenes brutales del latifundio. Éste, como en la fábula del escorpión y la rana, va siguiendo su naturaleza y no se puede esperar otra cosa. Sin embargo, el silencio cómplice de la falsa izquierda converge con el de los monopolios de la prensa: pretenden ocultar el crimen y, cuando tienen repercusión, es para criminalizar a las organizaciones campesinas y a los defensores de su lucha.

El gobierno actual fue elegido porque prometió arreglar los “retrocesos bolsonaristas” y otras promesas. Inmediatamente, entregó el Ministerio de Agricultura a Carlos Fávaro, cuyas relaciones personales con notorios bolsonaristas no son un secreto para nadie, y el Ministerio de Desarrollo Agrario (supuestamente responsable de la “reforma agraria”) a Paulo Teixeira, el hombre que prometió no ser “indulgente” con las “invasiones” de latifundios. Mientras tanto, el gobierno coloca cada vez más a los “agronegocios” en el centro de la economía nacional, con un Plan Safra [Nota de traductor: Plan Cosecha] valorado en 364,2 mil millones de reales, un récord del 26% más que lo que Bolsonaro había dado el año anterior. Finalmente, ahora, sin un solo grito de protesta del gobierno, por demagógico que sea, el mayor robo de tierras a los pueblos originarios de la historia se está llevando a cabo mediante un acto más de ignominia contra ellos con la “Marco Temporal”. ¿Qué más les falta por tomar a los terratenientes?

No en vano, por tanto, el silencio cómplice es la respuesta. El partido y el líder que preside este gobierno ganaron su popularidad prometiendo durante muchos años a millones de campesinos llevar a cabo la reforma agraria, incluyendo decenas de luchadores rurales asesinados por organizar allí el PT [Nota de traductor: Partido dos Trabalhadores]; ahora, irónicamente, su gobierno depende de los terratenientes como un niño depende de sus padres. Los latifundistas, estos héroes del agronegocio, son los dueños de la fiesta y, por tanto, eligen la música, el baile y la comida. La posición de Luiz Inácio no es la de un jefe de gobierno inexperto, que se ve en esa situación y busca salir de ella; está en la posición de un político experimentado, que sabe exactamente cómo funcionan las cosas y las acepta porque las considera fundamentalmente correctas, ya que sus diferencias son sólo matices.

Esta semana, tras tales denuncias, la LCP llamó a los campesinos a formar grupos de autodefensa para resistir los ataques de bandas armadas de las grandes propiedades. El gobierno no hará nada para detener los crímenes de los grandes terratenientes. A su vez, y a pesar de la criminalización y difamación de su lucha por parte de este gobierno, los campesinos sabrán luchar sin descanso contra esos parásitos de la Nación y sus hordas de sicarios.

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