AND – Análisis: Trump dice que se va de Pekín sin las victorias políticas que buscaba

A continuación compartimos una traducción no oficial realizada por Nueva Democracia de un artículo de A Nova Democracia publicado el 18 de mayo.


El presidente de Estados Unidos (EE. UU.), Donald Trump, concluyó el viernes (15/05) una visita de Estado de dos días a China sin obtener grandes concesiones de Pekín sobre los temas estratégicos cruciales en disputa. Recibido por el cabecilla socialimperialista Xi Jinping en el “Gran Salón del Pueblo”, en Pekín, Trump intentó presentar el encuentro como una victoria personal e incluso dijo que la cumbre podría ser “la más grande de todos los tiempos”. Sin embargo, según la propia prensa imperialista, el balance concreto fue modesto: acuerdos comerciales parciales, promesas de compra de productos agrícolas y aviones, y ninguna solución decisiva para Taiwán, Irán, la Inteligencia Artificial (IA) o las “tierras raras”.

La escenificación diplomática fue cuidadosamente preparada. Hubo guardia de honor, banquete de Estado, paseo por el Templo del Cielo e incluso una visita al complejo de Zhongnanhai, centro cerrado de los círculos de poder chinos. Trump, conocido por su diplomacia de bravatas, aduló públicamente a Xi Jinping, lo llamó “amigo” y dijo tener “respeto” por China y por el trabajo del presidente chino. Xi, por su parte, mantuvo un tono más contenido y advirtió que las relaciones chino-estadounidenses podrían entrar en una “situación muy peligrosa” si Washington trataba de manera inadecuada la cuestión de Taiwán. Aun así, Xi también aceptó visitar Washington en otoño del hemisferio norte, por invitación de Trump.

La cuestión de Taiwán y las colusiones

En una reunión a puerta cerrada, Xi afirmó que, si la cuestión de Taiwán era mal gestionada, ambos países podrían “chocar” o incluso entrar en conflicto, según la agencia imperialista Reuters, citando a la prensa estatal china. La Casa Blanca, sin embargo, omitió Taiwán del resumen oficial posterior a la visita, a pesar de que el tema fue central en las conversaciones. La omisión indica que Washington evitó hacer público un punto en el que fue presionado directamente por Pekín.

Al día siguiente del encuentro, el canciller chino Wang Yi afirmó que Pekín percibió que la parte estadounidense “entiende la posición de China” y “da importancia a las preocupaciones chinas” sobre Taiwán. Wang reiteró que Taiwán es “el asunto más importante” en las relaciones China-EE. UU. y exigió que Washington cumpla el principio de “una sola China” y los comunicados conjuntos firmados entre ambos países.

Después de la cumbre, cuando se le preguntó si Taiwán debía sentirse más o menos seguro tras la reunión con Xi, Trump respondió: “neutral”. Luego dijo que “nada cambió”, pero añadió que no quería que alguien declarara la independencia “porque EE. UU. lo está apoyando” y que no quería que EE. UU. viajará “9.500 millas para luchar una guerra”. Trump tampoco confirmó el paquete de armas de 14 mil millones de dólares para Taiwán. Dijo: “puedo hacerlo, puedo no hacerlo” y, según el monopolio de prensa AP, afirmó que el paquete estaba “en suspenso” y que “depende de China”, calificándolo como “una buena ficha de negociación”.

El principal interés estadounidense en las negociaciones con China son las “tierras raras” y minerales críticos, cuyo control de exportación ejercido por China, como arma de presión contra EE. UU., limita fuertemente la capacidad estratégica de la industria bélica, aeroespacial, de semiconductores, IA y toda la industria de alta tecnología.

La cumbre también sirvió a los intereses del socialimperialismo chino, que no compareció como una parte pasiva ante la presión de Washington. Como AND ya había analizado, el régimen revisionista chino combina demostraciones de fuerza, preparación militar y diplomacia económica para disuadir a su principal rival, atraer aliados y ampliar posiciones en la disputa por mercados, tecnología, rutas y recursos estratégicos.

En Pekín, Xi buscó arrancar señales de cautela de EE. UU. respecto a Taiwán, preservar el control sobre minerales críticos y mantener abiertas las vías comerciales que alimentan a sus propios monopolios, evitando una ruptura inmediata que perjudicaría las exportaciones, inversiones y cadenas industriales chinas. La reunión, por tanto, expresó el doble movimiento de las potencias imperialistas en pugna: disputan el reparto económico y político del mundo, pero también pactan contenciones provisionales cuando la crisis amenaza con salirse de control.

La pugna por las “tierras raras”, comercio y tarifas

La prensa especializada observó que varios compromisos fueron divulgados principalmente por Washington y todavía carecen de confirmación detallada por parte de Pekín. En el caso de las “tierras raras” y minerales críticos, la Casa Blanca solo dijo que China “abordará” las preocupaciones de EE. UU. sobre la escasez de itrio, escandio, neodimio e indio. Reuters destacó que esto estuvo lejos de cualquier compromiso chino de eliminar el régimen de controles de exportación, que sigue siendo un instrumento de presión sobre la industria militar, aeroespacial y de semiconductores de EE. UU.

Según analistas de Reuters, es probable que Pekín continúe liberando licencias y envíos de manera selectiva, especialmente para sectores civiles, pero mantendrá poder de veto y retrasos sobre artículos sensibles. El representante comercial de EE. UU., Jamieson Greer, dijo que las exportaciones mejoraron y que hubo grandes envíos recientes de itrio, pero admitió que China aún “arrastra los pies” en algunas licencias y que Washington necesita intervenir por las empresas afectadas.

En la cuestión comercial, la Casa Blanca anunció la creación de dos organismos bilaterales: un Consejo de Comercio EE. UU.-China y un Consejo de Inversión EE. UU.-China. Según el gobierno de Trump, el primero tratará bienes “no sensibles”, mientras que el segundo servirá como foro de discusión sobre inversiones. Pekín, por su parte, habló de “resultados equilibrados y positivos” en las negociaciones económicas y de una expansión del comercio bajo una estructura de reducciones arancelarias recíprocas.

La Casa Blanca afirmó que China comprará al menos 17 mil millones de dólares anuales en productos agrícolas de EE. UU. en 2026, 2027 y 2028, además de compromisos anteriores sobre soja. También anunció que Pekín aprobó la compra inicial de 200 aviones Boeing y restauró parcialmente el acceso de carne bovina y avícola estadounidense al mercado chino.

El resultado de la cumbre fue una tregua inestable: Washington obtuvo promesas de compras y canales formales de negociación; Pekín preservó sus palancas sobre las “tierras raras” y arrancó de EE. UU. señales de cautela respecto a Taiwán. Lejos de resolver la disputa, la cumbre solo mostró que el imperialismo yanqui y el socialimperialismo chino buscan administrar su rivalidad mientras se preparan para nuevos choques. Taiwán está en el centro de las tensiones, y la no injerencia de EE. UU. en esta cuestión parece tener como contrapresión la liberación de las “tierras raras”.

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