Estado español: Manifestaciones en todo el país contra los desahucios
Imagen destacada: Policía Nacional reprimiendo a uno de los activistas que intentaba impedir el desalojo de Maricarmen. Fuente: Servir al Pueblo
El 23 de septiembre, las fuerzas represivas del Estado español desalojaron a Maricarmen — una mujer de 87 años que vive con una pensión por discapacidad del 50% — en su cuarto intento, siguiendo órdenes de la inmobiliaria Urbagestión. El desalojo se llevó a cabo a pesar de que más de 400 personas se habían congregado frente a su domicilio en protesta pacífica. Fue trasladada en camilla, en estado débil, y posteriormente ingresada en el Hospital Gregorio Marañón, según informa Servir al Pueblo.
Tras la difusión de la noticia por todo el país, se llevaron a cabo manifestaciones masivas que evidenciaron el descontento generalizado de la población. En Madrid, más de 10.000 personas salieron a la calle esa misma tarde, congregándose frente al apartamento de Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, un apartamento pagado con 6,3 millones de euros de fondos públicos. Frente al ático de Ayuso, se corearon consignas como “¡Todos somos Maricarmen!”, “¡Aysuo, dimite!” y “¡El ático para Maricarmen!”. Las protestas han continuado y se han extendido a otras ciudades, como Zaragoza, Valencia, Barcelona y Alicante.

Servir al Pueblo informa que este desalojo no es un caso único, y “ese mismo día y en la misma ciudad, en el barrio obrero de Vallecas (a escasos kilómetros del desalojo de Maricarmens), la Policía Nacional llevó a cabo el desalojo de David y su hijo Dos días antes,
Servir al Pueblo afirma la necesidad de que la lucha por la vivienda abandone el pacifismo, destacando cómo el Estado ejerce la violencia contra el pueblo como una necesidad, y cómo el pueblo debe responder de la misma manera. Servir al Pueblo concluye:
«No hay lugar para el pacifismo. Un desahucio ya es de por sí una acción en la que el Estado hace uso de la violencia para expulsar a una familia de su casa. En este caso, más de 400 personas se sentaron frente a la puerta de la casa para tratar de impedirlo, pero la policía no dudó en usar la fuerza para sacarlas. ¿Por qué debería el pueblo, entonces, dudar en usar la fuerza para imponer sus intereses? Si los grandes capitalistas utilizan la violencia contra el pueblo, este debe responder con la misma violencia.
La historia ha demostrado una y otra vez que los derechos solo pueden ser conquistados mediante la fuerza de los oprimidos contra los opresores. Cada derecho conquistado se ha arrancado de la lucha. Sin embargo, aún hoy, cuando la situación es peor que nunca, hay quienes se empeñan en hacernos creer que todavía se puede alcanzar una solución reeditando el enésimo proyecto socialdemócrata o usando los viejos métodos de resistencia no violenta.
La situación de la vivienda es insostenible, el pueblo exige luchar y es el momento de tomar las calles, de buscar nuevas formas de lucha y de romper la barrera del miedo.»
Las manifestaciones continúan en todo el territorio español. En Madrid, el 26 de septiembre, se llevó a cabo una protesta en la Puerta del Sol tras una marcha por el centro de la ciudad que pasó frente al Congreso. Se corearon consignas como «¡Fuera los rentistas de nuestros barrios!», «¡Los rentista son culpables, el gobierno es responsable!» y se exigieron medidas de protección para los inquilinos, como la renovación automática de los contratos de alquiler, medidas antifraude y la prohibición de los desahucios sin una vivienda alternativa.



En un intento por salvar las apariencias en respuesta a la masiva movilización popular, Urbagestión ha ofrecido ahora el apartamento de vuelta a Maricarmen por unos 500 euros después de negociaciones con su abogado y familiares (lo que corresponde a alrededor del 30% de sus ingresos mensuales según su abogado). A pesar de esta concesión, las movilizaciones continúan, y los organizadores del campamento en la Puerta del Sol dejan claro que las movilizaciones “van más allá de esto”. Sin embargo, los desahucios siguen siendo una carga enorme para el pueblo español, y la lucha popular no puede contar con la conciencia del capital monopolista.