Turquía – AGEB: 1 de Septiembre, expandamos la lucha anti-imperialista internacional contra la guerra imperialista

A continuación compartimos una traducción no oficial de una declaración de la Unión de Obreros Migrantes en Europa (AGEB) compartida por la Liga Anti-imperialista Internacional (AIL) el 28 de agosto.


El 1 de septiembre es un día en el que la humanidad se enfrenta a la destrucción causada por la guerra y el fascismo, y que marca uno de los hitos históricos del inicio de la Segunda Guerra Imperialista de División, que comenzó con la invasión de Polonia por parte de la Alemania nazi en 1939. Esta guerra, en la que perdieron la vida millones de personas, demostró una vez más la inmensa destrucción que puede acarrear la lucha del imperialismo por la redivisión del mundo.

El concepto de paz no posee un contenido abstracto y supraclasista compartido por todas las clases. No tiene el mismo significado para todas las clases; más bien, viene definido por las posiciones e intereses de clase. Para el proletariado y los pueblos oprimidos, la paz significa la verdadera liberación, que se hace posible mediante el fin de la explotación y la opresión y la victoria de las guerras justas y revolucionarias. Para la burguesía y los reaccionarios de todo tipo, la paz significa la continuación del orden existente de explotación y dominación, la paz del cementerio.

Aunque la burguesía es la creadora de las guerras más injustas de la historia, hoy habla de paz. La burguesía imperialista empaña el concepto de paz al disfrazar sus propias guerras de saqueo con retórica como “interés nacional”, “seguridad” y “paz”, convirtiéndolo en un arma ideológica destinada a cooptar a la clase obrera y a los pueblos oprimidos.

Es un hecho histórico que, en el frente europeo de la Segunda Guerra Imperialista de División, la Unión Soviética y el Ejército Rojo, bajo la dirección del Camarada Stalin, desempeñaron un papel decisivo en la derrota del fascismo nazi.

El proceso que se extendió desde Stalingrado hasta Berlín asestó duras derrotas a la maquinaria bélica nazi y aceleró el colapso de la Alemania de Hitler en 1945. El sistema imperialista-capitalista es un sistema de crisis. Mientras exista el imperialismo, las guerras serán inevitables.

Mientras el sistema imperialista siga existiendo, las condiciones materiales para la guerra no desaparecerán. Como subrayó el Camarada Lenin en “El socialismo y la guerra”: “La guerra es la prolongación de la política por otros medios”. Todas las guerras son inseparables de los sistemas políticos que las producen. La política que un Estado determinado, una clase determinada dentro de ese Estado, ha seguido durante mucho tiempo antes de la guerra, es inevitablemente continuada por esa misma clase durante la guerra, cambiando únicamente la forma de actuación.

Por lo tanto, para comprender la naturaleza de las guerras injustas de hoy en día, no hay que fijarse en las justificaciones esgrimidas en el momento de la guerra, sino en las políticas aplicadas por las clases dominantes durante las décadas anteriores, incluyendo el saqueo de las colonias, la represión de los movimientos obreros y la subyugación de naciones extranjeras. La política que se aplica hoy en día no es otra que esa misma política. No se puede alcanzar un deseo sincero de paz ni una oposición genuina al imperialismo si se considera al imperialismo como la agresión de tal o cual potencia, o como la ambición de tal o cual líder.

Tal y como analizó el Camarada Lenin, el imperialismo es la etapa monopolista del capitalismo. La fuente de las guerras injustas no son las malas intenciones de los Estados individuales, sino la necesidad de que estos monopolios obtengan el máximo beneficio y se repartan de nuevo los mercados mundiales. Los Estados gobernantes son los representantes y los ejecutores de los intereses de este capital monopolista. Por consiguiente, la creación de un mundo en el que prevalezca la verdadera paz no es posible simplemente deseándola de palabra, sino liberándonos del sistema imperialista-capitalista basado en la explotación y el saqueo, que se estructura en torno a las necesidades de estos monopolios. La paz duradera solo llegará mediante el derrocamiento revolucionario de este sistema.

Hoy en día, el peligro de una guerra imperialista vuelve a crecer y las guerras injustas se extienden por todo el mundo. La competencia entre las grandes potencias se agudiza, los presupuestos de defensa se disparan, se refuerzan las alianzas militares y se provocan guerras regionales. Mientras las alianzas imperialistas intentan enmascarar sus intereses, el verdadero precio de estas guerras injustas lo pagan los obreros, los trabajadores y los pueblos oprimidos. En estas condiciones, la tarea no consiste en dejarse cooptar por la demagogia de las clases dominantes, que defienden sus propios intereses y los presentan como los del pueblo, ni en alinearse con ellas en guerras injustas, sino en dar prioridad a los intereses independientes del proletariado y de los pueblos oprimidos. No se trata de ponerse del lado de los imperialistas y las fuerzas reaccionarias, sino de defender la línea revolucionaria independiente de la clase obrera frente a todas las potencias imperialistas y sus políticas bélicas. Se trata de garantizar que los pueblos se unan no unos contra otros, sino contra el orden capitalista-burgués reaccionario que los explota y los arrastra a la guerra.

Contra las guerras imperialistas y la reacción, la tarea fundamental, según la formulación elaborada por el Camarada Lenin en 1915, es “la trasformación de la guerra imperialista en guerra civil”. Esta valoración sirve, ante todo, como brújula estratégica que define cuál debe ser la postura ideológica y política del proletariado. No se trata de un llamamiento al aventurerismo, sino de un llamamiento a la claridad consciente. Solo las mentes armadas con esta conciencia pueden adoptar la postura correcta cuando la guerra se convierte en una cuestión práctica. Esta claridad consiste en lo siguiente: negarse a alinearse con la propia burguesía en guerras injustas, considerar a los “propios” imperialistas como el enemigo principal y defender el internacionalismo proletario. Al mismo tiempo, esta consigna implica la organización de la práctica revolucionaria destinada a derrocar a las clases dominantes y tomar el poder cuando las condiciones maduren, es decir, cuando las masas comprendan el verdadero carácter de la guerra y estén preparadas para luchar por el poder, en consonancia con esta claridad ideológica.

El enfoque fundamental de Lenin sobre la cuestión de la guerra sigue siendo relevante hoy en día: la lucha contra las guerras injustas no puede aportar una solución duradera a menos que se dirija contra los cimientos materiales del capitalismo y el imperialismo. Por lo tanto, es necesaria una lucha revolucionaria anti-imperialista que no se limite a protestar contra las guerras, sino que se dirija contra el sistema imperialista que las origina, junto con una perspectiva de impulsar guerras populares revolucionarias justas. El énfasis del Presidente Mao en que “el imperialismo y todos los reaccionarios son tigres de papel” expresa que las potencias imperialistas no son invencibles y que el imperialismo puede ser arrojado al estercolero de la historia mediante la lucha de las masas organizadas bajo la dirección de la vanguardia proletaria.

Podemos prevenir las guerras injustas no solo mediante consignas contra la guerra, sino ampliando la lucha revolucionaria contra el sistema que las genera. El 1 de septiembre debe tomarse en conciencia no solo como un día para recordar la destrucción causada por la guerra, sino como un día para ampliar la lucha revolucionaria anti-imperialista internacional contra la guerra imperialista y la propagación de guerras injustas, y para reforzar la solidaridad con la lucha de los pueblos oprimidos.

¡Guerra contra los palacios, paz para las chozas!

¡Anti-imperialistas del mundo, uníos a las filas de la AIL!

AGEB

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