Dem Volke Dienen: La “reforma de los servicios de inteligencia” prevista hará que el Estado alemán sea aún más reaccionario
A continuación compartimos una traducción no oficial de un artículo publicado por Dem Volke Dienen de Alemania el 19 de julio.
El 24 de marzo de 1999, el imperialismo alemán, como parte de la OTAN, invadió la República Federal de Yugoslavia, en contravención del derecho internacional. Fue la primera guerra de agresión del imperialismo alemán desde la Segunda Guerra Mundial. Desde entonces, las armas alemanas, también en manos alemanas, vuelven a asesinar oficialmente en todo el mundo.
Cuando los imperialistas envían a sus soldados a librar guerras de expolio en países extranjeros, es solo cuestión de tiempo que esa guerra iniciada por los imperialistas “regrese a casa”. Por supuesto, los imperialistas también lo saben, y se han producido ataques de este tipo en diversos países oprimidos. Esta es una situación que se da en la República Federal Alemana (RFA) desde hace más de un cuarto de siglo.
Las declaraciones de Alexander Dobrindt (el que instaló el peaje para turismos) deben interpretarse en este contexto. El actual Ministro Federal del Interior advierte de “un agravamiento de la situación de la seguridad” en Alemania. “El aumento de las denuncias y de la información recabada me ha llevado a elevar el nivel de amenaza, que hasta ahora se había calificado de abstracto, a un nivel de amenaza elevado”, afirmó Dobrindt este fin de semana ante el medio Springer, y añadió: “Esto significa que en Alemania hay que contar en todo momento con el riesgo de atentados”.
Los planes de atentado contra el país son claramente identificables, afirmó además el Ministro del Interior alemán. Al parecer, estos no solo irían dirigidos contra la infraestructura alemana, sino también contra personas o instituciones.
En primer lugar, se trata de una situación que el propio imperialismo alemán ha provocado y, en segundo lugar, que se viene dando desde hace varias décadas. El Ministerio del Interior alemán intenta, una vez más, sembrar el pánico para imponer los intereses del capital financiero alemán en detrimento de su “propia” población y de los pueblos del mundo.
Concretamente, el Gobierno quiere poner en marcha el 13 de agosto una reforma integral de la legislación sobre los servicios de inteligencia. El borrador de la “Ley de reforma de la legislación sobre los servicios de inteligencia” tiene 700 páginas. Con ello se pretende permitir por primera vez explícitamente a los agentes de inteligencia alemanes actuar por su cuenta, es decir, dotarles de competencias policiales, y que ya no se limiten únicamente a recabar y analizar información.
Esto supone una clara violación del derecho civil, ya que, según la interpretación de los juristas civiles, el principio de separación entre la policía y los servicios de inteligencia debe entenderse como un principio fundamental del derecho alemán, según el cual la policía y los servicios de inteligencia deben estar separados entre sí. Esto se refiere a una separación en lo que respecta a las esferas de competencia, la organización de las autoridades, las competencias y también el intercambio de datos.
Esta restricción del imperialismo alemán le fue impuesta por los aliados occidentales. En su carta de aprobación de la Ley Fundamental, estos se refirieron expresamente a una nota policial del 14 de abril de 1949 dirigida al Consejo Parlamentario, en la que se establecía que el servicio de inteligencia que se iba a crear no debía tener competencias policiales.
Aunque Dobrindt afirma que no se debe eliminar la separación respecto a la policía, explica al mismo tiempo: “Mi objetivo es que sigamos desarrollando los servicios de inteligencia para convertirlos en auténticos servicios secretos, con el fin de ser competitivos y poder colaborar con nuestros servicios amigos en el extranjero”. En consecuencia, los agentes de los servicios secretos podrían, entre otras cosas, entrar y registrar viviendas, llevar a cabo intervenciones activas y ataques contra sistemas informáticos (para el reconocimiento facial se hackearían en tiempo real cámaras públicas e incluso privadas) y también llevar a cabo campañas de desinformación —manipular dispositivos, desviar datos, borrarlos o difundir información falsa, los denominados “hackbacks”.