NDFP : ¡Abajo la Operación Kagaar! ¡Apoyemos la lucha del pueblo indio por la liberación nacional y social!

A continuación compartimos una traducción no oficial de una declaración emitida por la Oficina Internacional del Frente Democrático Nacional de Filipinas (NDFP).


La Oficina Internacional del Frente Democrático Nacional de Filipinas condena en los términos más enérgicos la Operación Kagaar y el objetivo declarado del Estado reaccionario indio de hacer del país un país “libre de maoístas” para el 31 de marzo de 2026. En pos de este objetivo, el régimen fascista de Modi está llevando a cabo un genocidio contra el pueblo adivasi y una guerra de aniquilación contra las masas combatientes de India, lo que revela el verdadero carácter de la actual campaña militar en las regiones adivasis: una guerra contrarrevolucionaria dirigida no sólo a las fuerzas revolucionarias armadas, sino a los fundamentos políticos, sociales y materiales de la resistencia popular.

Lanzada por primera vez en enero de 2024, la Operación Kagaar forma parte de un esfuerzo contrarrevolucionario de larga duración y en constante escalada para reprimir la Guerra Popular en India. Bajo el lema de lograr una “India libre de maoístas”, el gobierno de Modi ha designado regiones adivasis enteras, como Abuhjmaad, en el estado sureño de Chhattisgarh, como “territorio enemigo”. En la práctica, esto ha supuesto el castigo colectivo de las comunidades adivasis, cuyas tierras ricas en minerales son codiciadas por grandes corporaciones indias y extranjeras. Las aldeas están militarizadas, los civiles son tratados como combatientes y cualquier reivindicación de derechos colectivos sobre la tierra y los recursos es tildada de subversiva o terrorista.

La lucha revolucionaria del pueblo indio surge de condiciones concretas y persistentes de explotación y opresión, arraigadas en el carácter semifeudal y semicolonial de la sociedad india. Amplios sectores de la población, como los dalits y otras castas registradas, siguen padeciendo la falta de tierras, la opresión de casta y la desposesión violenta impuesta por inversores capitalistas locales y extranjeros. Para el pueblo adivasi, en particular, esta opresión ha adquirido una forma claramente genocida durante décadas. Después de la independencia con la consolidación del Estado indio a principios de la década de 1960, los territorios adivasis han sido sometidos a una continua militarización, desplazamiento forzado y un terrorismo estatal implacable. Las campañas contrarrevolucionarias de décadas anteriores, como Salwa Judum (2005-2011) y la Operación Cacería Verde (2009-2024), hasta la actual Operación Kagaar, representan fases sucesivas del terrorismo de Estado contra los adivasis, los dalits y otras castas registradas, y son precisamente las que sientan las bases objetivas de la lucha revolucionaria armada del pueblo indio.

Desde el lanzamiento de la Operación Kagaar en enero de 2024, la violencia se ha intensificado. Según estimaciones independientes, al menos 550 personas identificadas por el Estado como maoístas han sido asesinadas durante la campaña. Esto incluye el asesinato de Nambala Keshava Rao, conocido como el Camarada Basavaraju, el 21 de mayo de 2025. El Camarada Basavaraju era el secretario general del Partido Comunista de India (Maoísta). Fue asesinado por las fuerzas de seguridad estatales fascistas junto con otros 27 combatientes del Ejército Guerrillero de Liberación Popular (EGLP) en los densos bosques de Abuhjmaad, en el distrito de Narayanpur, en el estado de Chhatisgarh.

Esta experiencia refleja estrechamente la de Filipinas, donde sucesivos regímenes reaccionarios, bajo la guía directa y el apoyo material del imperialismo estadounidense, han lanzado una serie de programas de “contrainsurgencia” destinados a “liberar al país de la insurgencia”. De un plan de acción a otro, estas campañas buscaron la derrota decisiva del movimiento revolucionario del pueblo filipino. En cambio, produjeron violaciones generalizadas de los derechos humanos y del derecho internacional humanitario, la militarización de las comunidades campesinas e indígenas, la intensificación del acaparamiento de tierras y la extracción de recursos, y un mayor aislamiento político de estos sucesivos regímenes respecto del pueblo.

A pesar de décadas de brutal represión, la revolución democrática popular en Filipinas ha perdurado y avanzado, porque se arraiga en las luchas concretas de las masas y se sustenta en sus aspiraciones de liberación nacional y justicia social. El fracaso de estos planes contrarrevolucionarios expone la verdad fundamental de que la violencia reaccionaria no puede extinguir una revolución nacida de la necesidad.

¡Abajo la Operación Kagaar!
¡Apoyar la lucha del pueblo indio por la liberación nacional y social!
¡Viva el EGLP!
¡Viva el PCI (Maoísta)!
¡Viva la solidaridad internacional!

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