Brasil – FRDDP: Fuera yanquis de Venezuela y de América Latina

A continuación compartimos una traducción no oficial de la declaración del Frente Revolucionario de Defensa de los Derechos del Pueblo (FRDDP).


¡Proletarios y pueblos oprimidos de todo el mundo, uníos!

¡Muerte al imperialismo!
¡Fuera yanquis de Venezuela y de América Latina!

Nuestra guerra no es una guerra cualquiera, sino una guerra entre China y el Japón en los años 30 del siglo XX. Por su parte, nuestro enemigo es, antes que nada, un país imperialista moribundo; se encuentra ya en la época de su decadencia y no sólo es distinto de la Inglaterra de la época en que ésta subyugó a la India, cuando el capitalismo inglés aún se encontraba en ascenso, sino también distinto de lo que él mismo era hace veinte años, en la época de la Primera Guerra Mundial. La guerra actual ha sido desatada en vísperas del derrumbamiento general del imperialismo mundial y, ante todo, de los países fascistas. Y éste es precisamente el motivo por el cual el enemigo se ha lanzado a esta guerra aventurera, que reviste el carácter de un último y desesperado forcejeo. Por consiguiente, no será China, sino los círculos gobernantes del imperialismo japonés los que quedarán destruidos como resultado inevitable de la guerra. Más aún, el Japón ha emprendido esta guerra en momentos en que los diversos países de la Tierra ya están o pronto estarán envueltos en una guerra; todo el mundo está luchando o preparándose para luchar contra la bárbara agresión, y los intereses de China están ligados con los de la mayoría de los países y pueblos de la Tierra” (Sobre la Guerra Prolongada, Presidente Mao)

¡El imperialismo es un tigre de papel!” (Presidente Mao)

El 3 de enero de 2026, el caníbal Donald Trump, líder de la superpotencia imperialista estadounidense, o Gran Satán, bombardeó e invadió el territorio venezolano y secuestró al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y a su esposa, Cilia Flores. Una vez más, el imperialismo yanqui, para justificar su sed predatoria, lanzó mentiras descaradas, acusando al presidente Maduro de ser supuestamente el jefe de un cártel de drogas. Al igual que las excusas deshilachadas de lucha contra las drogas para justificar la prisión de Noriega en Panamá en 1988, o para la implementación del “Plan Colombia” a principios de la década de 1990, o la acusación de posesión de “armas de destrucción masiva” para atacar y ocupar Irak en 2003. El imperialismo yanqui es un maestro en crear artimañas para justificar bajo el “discurso democrático” o la “legalidad internacional” sus acciones de saqueo y pillaje de las riquezas de los pueblos y naciones del Tercer Mundo.

Sin embargo, el presente ataque del malvado Trump no es una mera repetición de guerras imperialistas anteriores. Esta es una guerra en el siglo XXI, en la que el sistema imperialista en su conjunto ha entrado en una fase sin precedentes de su crisis de descomposición. El imperialismo yanqui, en particular, que se había convertido en la superpotencia hegemónica única en la última década del siglo XX, hoy vive un acelerado proceso de declive de su hegemonía. Esta guerra, por lo tanto, no es solo una guerra por el petróleo; es una guerra en la que el Gran Satán, el imperialismo yanqui, lucha de forma desesperada por tratar de contener el declive de su hegemonía. Este desespero se expresa también en sus justificaciones para el ataque al pueblo y la nación venezolanas; la falsa acusación de “narcotráfico” fue dejada de lado por Trump, que reveló de manera descarada los objetivos reales de la presente guerra: «El Hemisferio Occidental es nuestro».

La frase altisonante del caníbal Trump apenas oculta su desespero. A fines del siglo XX, con su patraña anticomunista de “fin de la historia”, de victoria definitiva del capitalismo, el imperialismo yanqui vociferaba que el mundo entero le pertenecía. Ahora se vanaglorian falsamente de que son dueños de la mitad del mundo… Para postergar su crisis de descomposición, el imperialismo yanqui necesita aumentar aún más la superexplotación del proletariado y el saqueo de las riquezas de las naciones y pueblos oprimidos por él; para esto necesita enmarcar a todos los gerentes de turno de estos, comprometiéndolos con estos crímenes antipopulares y contra la patria. Además, necesita impedir el acceso de las otras potencias imperialistas a estas mismas riquezas, y por eso necesita controlar y impedir al máximo el acceso de sus contendientes, el imperialismo ruso y chino, a los países de América Latina. Lo que Trump revela con su descaro arrogante es que el imperialismo yanqui necesita el control total de las riquezas de América Latina para hacer frente a estos rivales suyos.

Por un lado, con esta crisis de descomposición sin precedentes que vive el sistema imperialista, el imperialismo yanqui asiste al declive acelerado de su hegemonía; por otro, posee amplia experiencia en la agresión y subyugación de naciones y en las disputas interimperialistas. Y aunque esté en declive, aún sigue como superpotencia hegemónica única, poseyendo más de 700 bases militares en todo el mundo. Es el único imperialismo dispuesto a realizar ataques militares como este secuestro del presidente Nicolás Maduro.

Sin embargo, contra la guerra imperialista surge en el mundo la Revolución Proletaria Mundial y sus dos corrientes: el Movimiento Proletario Internacional presente en todos los países, que es la dirección, y el Movimiento de Liberación Nacional de los pueblos y naciones oprimidas del Tercer Mundo, que es la base. El Movimiento de Liberación Nacional ha avanzado aceleradamente en los últimos años. El glorioso Diluvio de Al-Aqsa, extraordinaria contraofensiva de la Heroica Resistencia Nacional Palestina, iniciada el 7 de octubre de 2023, es una marca indeleble de este desarrollo. El Movimiento Proletario Internacional, su vanguardia, el Movimiento Comunista Internacional, ha avanzado en saltos, logrando invertir la tendencia a la dispersión y unificando un conjunto importante de Partidos Comunistas maoístas en la Liga Comunista Internacional.

El revisionismo aún detenta importante influencia en estas dos corrientes y es la causa principal de la dispersión de las fuerzas comunistas y de resistencia nacional y es el peligro principal para la revolución proletaria. Sin embargo, el proceso de unificación de todo el campo revolucionario comunista y antiimperialista ya se ha iniciado. Los hechos de cada día destruyen las mentiras y falsificaciones revisionistas: ¿cómo defender el pacifismo ante las tantas agresiones sin freno de los imperialistas? ¿Cómo seguir engañando al proletariado internacional y a los pueblos del mundo con promesas de liberación fuera del camino de la lucha y resistencia armadas, sin la guerra popular? ¿Cómo aplastar a la extrema derecha y al fascismo sino mediante la violencia revolucionaria? El mundo vive un escenario de explosividad de las masas populares sin precedentes, y la invasión yanqui en Venezuela atiza aún más el levantamiento revolucionario de las naciones y pueblos oprimidos del mundo y de los trabajadores de los propios países imperialistas.

La descomposición sin precedentes del imperialismo y el escenario de explosividad de las masas, en una situación revolucionaria en todo el mundo, de desarrollo desigual pero constante, propician y aseguran que el Movimiento Proletario Internacional y el Movimiento de Liberación Nacional pueden crecer a través del camino revolucionario y derrotar al imperialismo en toda la Tierra. La experiencia del imperialismo en combatir la revolución, el carácter relativamente disperso de las fuerzas revolucionarias y la aún significativa influencia del revisionismo en el seno del pueblo, por su parte, condicionan que esta victoria no puede ser rápida: la Revolución Proletaria Mundial recorrerá un camino prolongado hasta alcanzar el barrido completo del imperialismo y toda reacción de la faz de la Tierra. Este barrido será inevitable y ya está en curso, el Movimiento Proletario Internacional y el Movimiento de Liberación Nacional cumplirán lo vaticinado por el Presidente Mao en los años 1960: que en los próximos 50 a 100 años el imperialismo será barrido de la faz de la Tierra.

Una nueva gran ola de la revolución mundial se inició y la historia entró en un nuevo período de revoluciones. ¡Que todos los imperialistas y reaccionarios tiemblen ante los nuevos tiempos que se avecinan!

Este es el contexto histórico en que ocurre la invasión yanqui a Venezuela. Y es exactamente por esa situación que las acciones espectaculares de Trump revelan más desespero que fuerza del imperio en decadencia. Aunque Trump vociferó que las fuerzas especiales yanquis habían “puesto las botas sobre el terreno en Venezuela”, no pudieron hacer esto por más de 180 minutos. El secuestro del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, representa un golpe para la nación venezolana, pero no representó el fin del régimen bolivariano. No le faltan medios militares y económicos para que Trump ocupara Caracas e impusiera un régimen títere, como hizo en Afganistán e Irak, a principios de este siglo. Pero ¿por qué no lo hacen? El imperialismo yanqui sabe que si lo hace incendiará a toda América Latina, y el resultado de esta conmoción sería justamente lo opuesto de sus objetivos en esta guerra imperialista, que es justamente mantener y profundizar el dominio yanqui sobre América Latina y acaparar exclusivamente para sí todas sus riquezas. Lo que el imperialismo yanqui menos necesita en este momento es un incendio en los países latinoamericanos, considerados por ellos como su “patio trasero”.

El Diluvio de Al-Aqsa, del 7 de octubre de 2023, y el ataque yanqui a Venezuela, el 3 de enero de 2026, son parte de un mismo y único proceso, que es el agravamiento sin precedentes de la contradicción principal de la época imperialista entre pueblos/naciones oprimidas e imperialismo. El 7 de octubre, fue el Movimiento de Liberación Nacional el que asumió la iniciativa en la guerra de liberación y, en un proceso prolongado, consiguió destruir el mito de invencibilidad de la entidad sionista, además de hacer estallar los planes del imperialismo yanqui para la región, con los llamados “protocolos de Abraham”. El 3 de enero, fue el imperialismo yanqui el que tomó la iniciativa, y corresponderá al pueblo y la nación venezolana imponer una Resistencia Nacional para derrotar los planes colonialistas de EE.UU. Solo mediante una prolongada resistencia nacional podrán la nación y pueblos venezolanos derrotar los planes del imperialismo yanqui.

La posición del presidente Nicolás Maduro, antes del ataque yanqui, fue principalmente positiva. Llamó a las masas venezolanas a levantarse en armas para resistir una posible ocupación imperialista. El gobierno bolivariano distribuyó armas y entrenó milicias populares. Maduro se dirigió especialmente al proletariado internacional, llamando a huelgas obreras en todo el mundo en oposición a la sed imperialista por los recursos naturales venezolanos. Después de su secuestro y detención ilegal, el presidente Maduro se mostró altivo y confiado en la salida del avión yanqui; por los relatos de los monopolios de prensa, ante el falso tribunal afirmó que seguía como presidente de Venezuela y era un «prisionero de guerra» del imperialismo yanqui.

Dentro de Venezuela, tras el impacto inicial de la operación de Guerra de Baja Intensidad, cuyo objetivo de los más importantes para los yanquis era justamente golpear el moral de las Fuerzas Armadas Bolivarianas y del pueblo y naciones venezolanas, las masas han salido a las calles agitando las banderas antiimperialistas y exigiendo la liberación inmediata del presidente Maduro y de Cilia Flores. Los funerales de las decenas de militares, milicianos y civiles caídos en combate o víctimas de los bombardeos, fueron rodeados de masas populares y del discurso altanero de la liberación nacional. Los 32 militares cubanos de la guardia presidencial, caídos en el enfrentamiento con las fuerzas especiales yanquis, son héroes de la lucha antiimperialista que deben ser reverenciados.

El Presidente Mao Tsetung nos enseña que en la lucha de liberación nacional el mayor peligro ideológico, particularmente dentro de las fuerzas burguesas, es la “teoría de la subyugación nacional”. Esta teoría, difundida por los sectores vacilantes en todas estas luchas, defiende que no es posible derrotar al imperialismo pues este es mucho más fuerte en medios económicos y militares. Los partidarios de esta teoría son derrotistas que propugnan el “compromiso” con la potencia imperialista invasora, o entonces la subyugación a otra potencia imperialista para salvarse de una ocupación colonialista. La posición de “cambiar de amo”, es decir, de sustituir la dominación de una potencia imperialista por otra, es otra variante de esta nefasta teoría de la subyugación nacional.

La teoría de la subyugación nacional es la típica posición vacilante burguesa en las guerras de liberación nacional y deben ser combatidas con firmeza. Esta teoría se basa en la concepción militar reaccionaria de que “las armas deciden todo”. Así, caracteriza el Presidente Mao la base teórico-militar de la subyugación nacional:

“Esta es la llamada teoría de que «las armas lo deciden todo»[11], teoría mecanicista y punto de vista subjetivo y unilateral sobre el problema de la guerra. Nuestro punto de vista es opuesto a esta teoría; no sólo tenemos en cuenta las armas, sino también los hombres. Las armas son un factor importante en la guerra, pero no el decisivo. El factor decisivo es el hombre, y no las cosas. La correlación de fuerzas es determinada no sólo por la potencia militar y económica, sino también por los recursos humanos y el apoyo popular”. (Sobre la Guerra Prolongada, Presidente Mao)

La Heroica Resistencia Nacional Palestina (HRNP), su glorioso Diluvio de Al-Aqsa, fue la refutación más contundente, en el período reciente, de la teoría de la subyugación nacional y de que “las armas deciden todo”. Apoyada en una población de 2 millones de habitantes, en un pequeño territorio de 50 km², la HRNP asestó el golpe más duro contra la entidad sionista y el imperialismo yanqui. Apoyándose principalmente en la decisión de las masas, en su creatividad infinita en el combate, y contando con el apoyo popular que moverían en todo el mundo, brindaron al proletariado internacional y a los pueblos del mundo un ejemplo magistral de audacia y espíritu de sacrificio.

El pueblo y nación venezolanos deben inspirarse en este grandioso ejemplo para combatir con firmeza y sagacidad la teoría de la subyugación nacional. Esta es una condición indispensable para el avance de la liberación nacional venezolana. Cuanto más avancen en este sentido, cuanto más se conviertan en una Heroica Resistencia Nacional, mayor será la conmoción y apoyo que recibirán de los pueblos del mundo y, en particular, del pueblo dentro de la bestia imperialista, es decir, del pueblo norteamericano, que cumplirá un papel decisivo en la lucha por socavar desde sus cimientos este imperio del mal.

La lucha en apoyo al pueblo y nación venezolanos, a Nicolás Maduro, y al gobierno venezolano en la medida en que predomine en este la posición contraria a la teoría de la subyugación nacional, debe avanzar inmediatamente en Brasil y en todo el mundo. Al igual que el apoyo a Palestina avanzó a manifestaciones combativas y masivas contra Israel, lo mismo debe ocurrir en relación con Venezuela. Cuanto más masivas, combativas y violentas sean estas manifestaciones de apoyo, más fuerza tendrá las corrientes verdaderamente patrióticas y antiimperialistas en el interior de Venezuela y de su gobierno. Es nuestro deber y obligación avanzar en este sentido, pues el territorio venezolano es nuestro territorio. La invasión a Venezuela es la invasión a toda América Latina, que junto con los pueblos del mundo deben levantarse con odio contra el imperialismo yanqui, sus socios y sus lacayos.

Los planes del imperialismo yanqui, del caníbal Trump, de apoderarse de las riquezas venezolanas sin colocar de modo permanente tropas en el terreno, solo pueden ser viables si triunfa una quinta columna en la dirección del Estado venezolano. Solo en estas condiciones podría el imperialismo yanqui apropiarse de las riquezas naturales del pueblo venezolano sin el riesgo de una ocupación permanente que incendiaría toda América Latina. En este sentido, el combate a la teoría de la subyugación nacional debe estar ladeado por la decisión de aplastar la quinta columna internamente. Este aplastamiento es estratégico y sin él no es posible al gobierno legítimo de Venezuela movilizar ampliamente las masas contra el imperialismo yanqui.

Al igual que en Palestina, la lucha contra la ocupación israelí es tomada como una revolución de liberación nacional, por las fuerzas de su Resistencia Nacional, solo mediante un proceso revolucionario será posible derrotar la tentativa de recolonización de Venezuela por el imperialismo yanqui. En este sentido, como parte de la movilización nacional contra el bloqueo criminal y los chantajes del caníbal Trump, es indispensable la aplicación de medidas revolucionarias que impulsen la economía nacional y, principalmente, la movilización de las masas contra el imperialismo. Así, el avance de una Revolución Agraria en Venezuela, que destruya el latifundio semifeudal y entregue tierras a los campesinos pobres sin tierra o con poca tierra será una medida estratégica de movilización nacional. Pues atiende a la reivindicación histórica de las masas campesinas y, al mismo tiempo, asegura la liberación de fuerzas productivas de las cadenas de la semifeudalidad, aumentando la producción de alimentos y materias primas que es una necesidad estratégica en una guerra de liberación nacional que inevitablemente será prolongada.

El desafío y tarea más importante en este momento, más que nunca para desarrollar una poderosa resistencia nacional venezolana, es la de impulsar la vanguardia proletaria maoísta en el país. Pues solo así, la resistencia nacional estará dotada de dirección y vértebra de hierro, inquebrantable para emprender la guerra nacional antiimperialista y para conjurar las tentativas de capitulación de los sectores vacilantes que tienden para la concertación, levantando alto la bandera roja de la Revolución de Nueva Democracia. Esta es la tarea decisiva de los revolucionarios y revolucionarias venezolanos, de las parcelas más avanzadas del proletariado y de su pueblo.

Con el ataque yanqui a Venezuela el 3 de enero, el continente latinoamericano fue empujado al centro de la tormenta de la Revolución Proletaria Mundial. El heroico pueblo latinoamericano y del Caribe, heredero de gloriosas tradiciones anticolonialistas, antiesclavistas, antifeudales y antiimperialistas, debe avanzar en su proceso de unificación revolucionaria. Tenemos un enemigo común: el imperialismo yanqui; tenemos un pasado común; y también un destino común: la Revolución de Nueva Democracia ininterrumpida al Socialismo. Nuestros países solo serán libres si el imperialismo yanqui es destruido; esta liberación solo será posible mediante las guerras revolucionarias, mediante la Revolución de Nueva Democracia. La lucha contra los yanquis no será fácil ni rápida; ellos poseen medios de guerras gigantescos y gran experiencia en el combate a la revolución; cuentan con clases dominantes y gobiernos lacayos en el continente, financian traidores con mucho dinero y propagan teorías derrotistas, capitulacionistas y liquidacionistas de sus aliados revisionistas. Pero son una superpotencia en descomposición y en decadencia; contra los yanquis se vuelve el odio de las amplias masas del mundo todo y solo mediante el avance de las luchas revolucionarias, en procesos que van de lo pequeño a lo grande, en medio a saltos, podrá este odio convertirse en fuerza material consciente y organizada capaz de derrotar a un enemigo que militarmente es superior, pero que está condenado al basurero de la historia.

El caníbal Trump no puede contener su sed de sangre y rapiña. Desencadenó un proceso en el que buscará subyugar completamente a todas las naciones oprimidas del continente. Buscará atacar a Cuba, dividir a México, controlar a Colombia; bajo la justificación de combate al narcotráfico, interferirá cada vez más en Brasil, buscando impedir el desarrollo del movimiento revolucionario en el campo; tachará organizaciones como la heroica Liga de los Campesinos Pobres como “narcoterrorista”; interferirá en elecciones, desestabilizará gobiernos. En fin, provocará disturbios pero fracasará inevitablemente.

A los revolucionarios, a los demócratas y progresistas, les corresponde prepararse para este momento que se abre. Abandonar las ilusiones, combatir la teoría de la subyugación nacional y de compromiso con la potencia imperialista que nos oprime y domina; avanzar con decisión y audacia en la lucha revolucionaria. El imperialismo yanqui está desesperado, en medio de este cuadro aumentará su violencia y rapiña; cuanto más lo haga y, sobre todo, cuanto más encuentre la respuesta contundente del pueblo latinoamericano, más rápida será su caída final. El combate decisivo contra los yanquis se dará en América del Sur entre los Andes y el Amazonas; la batalla final, ocurrirá en su propio territorio, pues será el proletariado norteamericano, las masas pobres de aquel vasto país, que honrando las tradiciones revolucionarias de la liberación contra Inglaterra (1776), de la guerra civil contra la esclavitud (1865) y de la lucha por los derechos civiles y contra la guerra en Vietnam, de dentro de la bestia imperialista, enterrarán definitivamente al Gran Satán. ¡Y este día llegará más pronto que tarde!

¡Viva el pueblo y la nación venezolanas!

¡Abajo la guerra imperialista!

¡Viva la Guerra Popular!

¡Viva la Revolución Proletaria Mundial!

¡Viva la Revolución de Nueva Democracia en toda América Latina!

¡Libertad inmediata para el presidente Nicolás Maduro y Cília Flores!

¡Yankees go home!

Frente Revolucionario de Defensa de los Derechos del Pueblo,
Rio de Janeiro, 5 de enero de 2026

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