Sobre las protestas en Bolivia
Imagen de cabecera: sindicalistas se enfrentan a la policía en La Paz, capital de Bolivia. Fuente: EFE/ Luis Gandarillas
El lunes 12 de enero el gobierno recién electo de Rodrigo Paz anunciaba un acuerdo con los sindicatos para eliminar el Decreto 5503 que incluía numerosas medidas contra el pueblo boliviano y que desde su anuncio fue rechazado por las masas bolivianas con numerosas movilizaciones. Finalmente los cortes de carretera se levantaron tras el acuerdo con los sindicatos. La lucha había durado hasta 25 días y había bloqueado el país, con más de 70 puntos de carreteras bloqueadas e incluso ocupaciones de espacios económicos de interés estratégico.
Rodrigo Paz ganó en la farsa electoral del 19 de octubre de 2025 en Bolivia, siendo presidente a partir del 8 de noviembre. En estas elecciones, los dos candidatos, tanto Rodrigo Paz, como Jorge Tuto Quiroga, según informó la Asociación de Nueva Democracia – Alemania (Nuevo Perú), eran “candidatos representantes de la facción compradora de la gran burguesía boliviana”.
Así, se necesitaba un cambio del gobierno de la facción burocrática representada por el MAS, a uno de la facción compradora. Pronto se promulgó el Decreto 5503, que entre otros aspectos, eliminaba los subsidios a los hidrocarburos, provocando un incremento del 86 por ciento en la gasolina y un 160 por ciento en el diésel. El gobierno afirmó que la medida era necesaria para enfrentarse al déficit fiscal del 9’2 por ciento del Producto Interior Bruto (PIB) que afronta Bolivia, en medio de una declaratoria de “emergencia económica” que habilitaba al Ejecutivo a aplicar algunas medidas de forma inmediata.
El Decreto incluía otras medidas clave como facilitar la inversión extranjera rápida, incluyendo inversiones estratégicas y la venta de los recursos del país a los imperialistas de forma descarada, sin requisito alguno excepto el propio control que quisiera imponer el propio Estado. Se creaba un procedimiento de aprobación llamado “Fast Track”, que permitiese aprobar inversiones de carácter estratégico en un plazo máximo de 30 días. Se priorizaban las inversiones en sectores como minería, incluyendo el litio, así como metalurgia, hidrocarburos, energía, generación de energía eléctrica, agroindustria, etc.
De forma inmediata el pueblo boliviano se alzó contra este decreto, tomando protagonismo los sindicatos cocaleros, y especialmente el principal sindicato obrero, la Central Obrera Boliviana (COB) tomó muy pronto protagonismo. Así obreros mineros, fabriles, campesinos, maestros, y otros colectivos se sumaron a las movilizaciones. La lucha de las masas ha crecido, con poderosas movilizaciones que incluso ocuparon una unidad petrolífera pública, de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), cuando los huelguistas decidieron paralizar las operaciones. A su vez se han dado decenas de bloqueos que han golpeado toda la geografía boliviana, con grandes interrupciones a la entrada de Cochabamba, Oruro y la Paz, viéndose barricadas que cortaban puntos estratégicos, mostrando la combatividad y el saber hacer de las masas en la lucha. Nuevo Perú compartía un reporte desde Bolivia que apuntaba cómo estos bloqueos de carreteras apuntaban directamente a los intereses económicos de la burguesía compradora, radicalizándose la lucha por todo el país.
La COB llevó por bandera la abrogación del Decreto 5503, y en especial anular la eliminación del subsidio del combustible, afirmando en varias ocasiones que las protestas no terminarían, hasta que el Decreto fuere abrogado por completo. Sin embargo, la dirigencia de la COB se reunió durante la noche del martes 13 de enero, firmando a puerta cerrada el llamado “Decreto Supremo 5516”, abrogando así el Decreto 5503 y rescatando de esta forma medidas principales anuladas de este último decreto. Así este nuevo Decreto 5516, mantiene la eliminación de subsidios a los combustibles, lo cual fue una bandera principal de lucha de las masas bolivianas, y usado por la dirigencia del MAS y de la COB. A su vez se mantienen el arancel 0% a la importación de maquinaria e insumos productivos, agudizando así el desajuste producido por exportar materias primas e importar bienes de alto valor añadido, lo que agudiza el carácter semicolonial del país. La austeridad en cuanto al gasto público en diferentes servicios sociales por parte del gobierno se mantiene.
El mismo día 13 el Estado boliviano afirmaba que las carreteras habían sido despejadas. El secretario ejecutivo de la COB, Mario Argollo, afirmó sin vergüenza: “Hemos logrado defender los intereses del conjunto del pueblo boliviano, de las grandes mayorías. Podemos decir con orgullo, deber cumplido, se ha logrado el objetivo.” Pocos se creyeron esto, y de hecho tuvo que publicar un vídeo desmintiendo que “de manera puntual la dirigencia hubiese recibido dinero o se hubiese vendido”. Por su parte, los cocaleros, dirigidos por Evo Morales, han rechazado el Decreto 5516.
Por si esto fuese poco, tras las protestas el gobierno se apresuró a condenar el uso de dinamita en las protestas y a encarcelar a aquellos que la usen en las manifestaciones. Esta práctica es habitual en muchas movilizaciones y de hecho el uso de la dinamita no está regulado de forma clara ni específica. A su vez está pendiente la propuesta de la llamada “ley antibloqueos”, que fue propuesta el 15 de diciembre de 2025 ante la Asamblea Legislativa Plurinacional. Esta ley busca sancionar los bloqueos, tipificándolos como delito e imponiendo penas de cárcel a los activistas y sindicalistas combativos, queriendo recortar así el derecho democrático a la protesta.
Sin embargo estas nuevas criminalizaciones de la lucha y la traición de la dirigencia sindical no han evitado que trabajadores de otros sectores continúen la lucha. Por ejemplo los trabajadores en el sector de la salud en Santa Cruz prosiguen su lucha ante los impagos a los que se enfrentan. Los profesores urbanos de La Paz han rechazado explícitamente el nuevo Decreto 5516 y han convocado movilizaciones.
De esta forma, lo que la dirigencia vendeobreros de la COB hizo, fue vender la sangre vertida por las masas bolivianas y transformar las banderas principales de esta lucha en harapos. Mientras las masas salían a las calles día tras día, en las calles de La Paz, en las carreteras de todo el país, y en ocupaciones de instalaciones económicas, una vez más los traidores se han vendido por un plato de lentejas. Sin embargo, de nuevo esta lucha ha mostrado el potencial del pueblo boliviano, que puede poner al Estado de rodillas, obligarle a retroceder y golpear duramente los intereses de las clases dominantes.