Editorial AND-¡Fuera Yanquis de Venezuela y de América Latina!
A continuación compartimos una traducción no oficial del último editorial de A Nova Democracia sobre el ataque de EEUU a Venezuela que hemos encontrado en la página de Nueva Democracia de Colombia.
El día 3 de enero, un número reducido de tropas especiales de las fuerzas militares yanquis, bajo las ordenes del caníbal imperialista Donald Trump, promovió una incursión por agua y aire sobre Caracas, combinado con bombardeos masivos contra instalaciones militares y civiles en cuatro estados diferentes, y secuestraron al presidente venezolano Nicolas Maduro y su esposa. Vendado y en un buque yanqui, el presidente Maduro fue enviado a territorio Yanqui, donde será, según consta, sometido a juicio (farsante, naturalmente) en el cual los yanquis pretenden desmoralizarlo y condenarlo por “narcoterrorismo”. Horas después de la inaceptable agresión, Trump con cara triunfalista dijo que “administraré a Venezuela hasta una transición” y que tomará las reservas de petroleo; palabras y actos de un caníbal que revelan, una vez más, como los yanquis toman América Latina, territorio de sus súbditos subsirvientes, de sus lacayos.
Tal operación militar, sin precedentes en la historia contemporánea de América del Sur, es una violación completa de todas las “leyes internacionales” y de los “mecanismos multilaterales”. Demuestra la degradación de la llamada “paz mundial” y revela que el mundo es gobernado por la acción despótica de unas cuantas corporaciones imperialistas y sus representantes políticos a la cabeza de los Estados reaccionarios, en una briega malsana por imponer sus intereses, pasando por encima de naciones, países, pueblos, no reconociendo fronteras o leyes algunas. Mas aún: es un acto ignominioso, odioso, a través del cual se pretende ultrajar la nación y el pueblo venezolanos, las naciones y pueblos oprimidos de América Latina (principalmente) y todos los pueblos oprimidos del mundo. A través de ese acto, marcadamente belicista, el Gran Satán, los Estados Unidos, enemigo número uno de los pueblos del mundo, pretende enviar un mensaje intimidatorio contra quien desafía sus dictámenes y a sus rivales imperialistas: nosotros estamos dispuestos a todo. Eso es una demostración de fuerza típica de aquellos que se perciben desafiados e inseguros y un acto incluso de desespero de un imperio en crisis y declive acelerado. Por lo tanto, no demuestra, pues, fuerza, y sí fragilidad: llevando adelante la carrera belicista entre súper potencias y potencias imperialistas, pisoteando, agrediendo y ultrajando las naciones oprimidas del mundo, el Gran Satán solo acelera su marcha hacia el abismo oscuro, insondable y eterno al cual corre desenfrenadamente.
Es erróneo en alto grado suponer que la motivación para ese acto de guerra injusta y agresión imperialista haya sido solo o principalmente el petroleo: Maduro, en uno de los momentos en que se contempló la capitulación negociada, incluso la semana anterior al ataque ilegal, sugirió entregar, a Estados Unidos, las reservas de petroleo y otras cosas más que fuesen posibles para impedir una agresión, de modo que los yanquis las tendrían, tarde que temprano. Los yanquis no querían solo el petroleo: querían el petroleo, el show pirotécnico de una acción militar de espectáculo para hacer regocijar la base social interna fascista -al fin de cuentas, las elecciones de mitad de mandato se están aproximando- y dar una respuesta a sus rivales imperialistas e intimidatoria a los demás pueblos que resisten al imperialismo yanqui o desafían sus abusos, particularmente en América Latina, donde decidió reforzar todos los lazos de dominación y reducir al máximo posible la penetración de sus rivales imperialistas Rusia y China.
Se trata de un acto de guerra, pero calculado, según las doctrinas de la guerra de baja intensidad: acciones de impacto, que alcancen objetivos determinados, combinando acciones militares pero limitadas, parciales y puntuales de impacto, combinándolas con asedio y agresión económicos, políticos, diplomáticos y maniobras militares de cerco para presión, disuasorias (amenazas e intimidaciones), de chantaje y de desgaste. El objetivo militar de la agresión fue neutralizar al presidente Maduro, para lograr el cambio de gobierno; con un nuevo gobierno, surgido de tal situación traumática interna, los yanquis pretenden inaugurarlo ya en una atmósfera de incertidumbre y fragilidad, y así someter mejor a los sucesores de la república bolivariana de Venezuela. El objetivo político, a continuación, es consolidar los intereses yanquis por el petroleo venezolano, pero también imponer límites, con acuerdos de capitulación del nuevo gobierno, a la presencia de China y Rusia en el país. Una invasión y una ocupación, sin las cuales sería imposible realizar la amenaza de administrar a Venezuela, muy difícilmente está en los planes del Pentágono: la bestia feroz yanqui sabe que no podría desatar una guerra de mediana intensidad contra Venezuela sin expandir inevitablemente la lucha armada de resistencia nacional por todo el subcontinente, de la cual saldría fragorosamente derrotada, con potencial de echar a perder sus planes no solo en la esfera táctica, sino también estratégicamente.
La agresión imperialista y criminal hacia Venezuela, una vez más denunciamos: es parte de sus planes de mayor intervención en el subcontinente, mayor presencia de sus tropas, bases militares y medios de guerra, con los cuales el Gran Satán busca prepararse para combatir los peligros crecientes de que los levantamientos populares revolucionarios se expandan por su “patio trasero” y, simultáneamente disuadir a sus rivales imperialistas. Los demonios yanquis ya se encuentran, ademas de en Venezuela, en Ecuador, Perú, Bolivia y Paraguay, avanzando ahora para establecer nuevas bases en Argentina; en todos esos países, excepto en Venezuela, son movimientos en cooperación con los gobiernos lacayos lamebotas. Después de la agresión a Venezuela, el caníbal Trump y su perro faldero Marco Rubio amenazaron a Cuba -diciendo que una acción como esa, contra Venezuela, puede ocurrir contra la isla- y a Colombia, incluso, acusando al oportunista Gustavo Petro de producir y traficar cocaína para los Estados Unidos. Sin embargo, en Paraguay, por ejemplo, la justificativa oficial es el “combate al narcotráfico” y, nominalmente, cita el Primer Comando de la Capital (PCC), organización brasileña, de lo que se desprende, no solo por lógica, que Brasil es un objetivo fundamental de sus aproximaciones sucesivas. El Gran Satán quiere establecer mas bases en el exterior (ya son mas de 700), y especialmente en Brasil, para apretar las redes de dominación y saqueo imperialistas, conjurar el avance de sus contendientes China y Rusia en nuestro país y combatir los peligros de rebeliones populares violentas, y conjurar que la Revolución Agraria levante poderosas llamas en los años venideros.
Aun sobre Venezuela, no deja de causar extrañeza que en la operación, que duró apenas 90 minutos, hayan entrado con helicópteros a la capital Caracas y secuestrado, en su residencia, al presidente de este país y a su esposa, sin que haya ocurrido una fuerte respuesta detectable hasta ahora, de las baterías antiaéreas, o combates prolongados entre la Guardia Presidencial y los demonios yanquis o lo que sea. Cualquiera que haya sido el motivo de esa falla en la defensa nacional, que constó el secuestro del presidente del País, no puede dejar de levantar sospechas. Se sabe que los yanquis intentaron sobornar al piloto del avión presidencial de Maduro, para desviar la ruta y llevarlo al territorio yanqui. La colaboración activa de elementos del régimen venezolano era parte fundamental del plan de operación de los yanquis; y se sabe, porque fue confirmado por la CIA, que uno de sus colaboradores, desde dentro del gobierno, ofreció informaciones sobre el paradero de Nicolas Maduro días antes de la odiosa agresión. Aunque las versiones que vienen de la CIA pueden ser mera guerra informativa.
De todos modos la nación venezolana fue agredida, su jefe de Estado y de gobierno, comandante en jefe de las Fuerzas Armadas Nacionales Bolivarianas fue secuestrado y ultrajado. Ese es un hecho incontrovertible. El nuevo gobierno de la república bolivariana de Venezuela, en esa situación particular, tendrá que tomar posición ante los hechos: vender la soberanía, la dignidad y la autodeterminacion al Gran Satán, a cambio de vanas promesas de que este no irá a tomarlas a la fuerza como lo hace siempre, más temprano o más tarde; o prepararse para combatir el imperialismo, reforzando todas las medidas de defensa y de contrainformación, camuflar la localización de las autoridades, castigar severamente a los traidores de la nación contra revolucionarios y pro yanquis, movilizar audazmente a las masas en armas, pasar todas las organizaciones populares y de masas a la lucha armada y preparar una prolongada guerra de guerrillas para alcanzar la liberación nacional. Dos posiciones posibles, dos vías irreconciliables.
Los antiimperialistas, demócratas de hecho, revolucionarios y revolucionarias, el proletariado revolucionario en particular, deben levantar la protesta popular, el grito antiimperialista del pueblo venezolano y latinoamericano; combatir la capitulación y enarbolar la lucha antiimperialista de liberación.
¡Viva la resistencia nacional del pueblo venezolano!
¡El imperialismo es un tigre de papel!
¡Muerte al Gran Satán, el imperialismo yanqui!
¡Yankees Go Home!