Editorial de AND – Apoyar la Revolución en la India y la Resistencia Nacional de Palestina e Irán es la tarea más importante de los antiimperialistas en todo el mundo – 2ª Parte.

A continuación compartimos una traducción no oficial de la segundaparte del Editorial publicado por A Nova Democracia (AND) el 4 de abril.


La Nación Iraní ratifica lo que el pueblo palestino, de forma tan magistral, heroica y contundente, demostró con el Diluvio de Al-Aqsa: el imperialismo es un tigre de papel, tesis maoísta totalmente válida tanto en el pasado como a día de hoy. La guerra de agresión, con la que Trump juró someter a la República Islámica de Irán en dos semanas, ya ha durado más de un mes, y los resultados, tanto militares como políticos, son terribles para los yanquis y para los nazi-sionistas; son fracasos y derrotas humillantes. Más de 950 soldados yanquis muertos o heridos, según información publicada por el portavoz de la Guardia Revolucionaria de Irán y la prensa local. La tan cacareada “supremacía aérea” yanqui ha demostrado ser un mito y un fiasco que expone todas sus debilidades de tigre de papel a los ojos de los oprimidos de la Tierra. La Resistencia Iraní abatió un avión radar AWACS E-3, estimado en 1.400 millones de dólares; tres drones MQ-9 Reaper, aviones cisterna de reabastecimiento en vuelo y dos F-35 furtivos de EE. UU., con un costo aproximado de decenas de millones de dólares cada uno; tres drones de inteligencia sionistas Hermes-900; y un dron sionista IAI Eitan, considerado de alto valor estratégico, con un costo aproximado de 35 millones de dólares. Esto solo en los últimos días, sin mencionar la anulación casi completa de su Cúpula de Hierro.

La estrategia yanqui y sionista de decapitar a los dirigentes de la República Islámica de Irán para desestabilizarla, y así imponer su capitulación y un cambio de régimen que la convierta en un vasallo, como tantos otros en la región, fracasó rotundamente. Más de 40 cuadros iraníes, que ocupaban puestos de dirección, fueron ejecutados por la maquinaria de agresión, entre ellos el propio líder supremo del País, Ali Jamenei, así como el ministro de Defensa, el comandante de la Guardia Revolucionaria, el secretario del Consejo Supremo de Seguridad, el líder de seguridad nacional, varios generales y altos oficiales. Sin embargo, Irán superó esta estrategia agresora gracias a su capacidad para preparar con valentía a nuevos jefes que defienden la soberanía nacional innegociable.

Pasados más de 30 días, la guerra se desarrolla de la siguiente manera: Irán controla completamente el Estrecho de Ormuz, y el propio Donald Trump sugiere que no podrá arrebatárselo. El 31, declaró airadamente que los europeos deberían tomar el Estrecho ellos mismos si querían el petróleo, jactándose como si la guerra iniciada por él mismo no fuera la causa inmediata del colapso energético que causó, y para esconder el hecho de que él mismo, y el poderío militar yanqui, son inútiles contra la feroz, heroica y sagrada Resistencia de una nación y su pueblo con una historia milenaria que produjo gigantes como Ciro el Grande y Darío. Los yanquis pretenden terminar la guerra cuanto antes, siempre que haya una salida honorable, que no la hay; Irán, con una firme posición de resistencia nacional, está decidido, por el contrario, a continuar la guerra, ahora como una guerra de resistencia nacional, hasta imponer una salida humillante a los agresores y hasta que pueda establecer condiciones políticas en la región que impidan nuevas agresiones. La invasión de la isla de Kharg, responsable del 90% de la producción iraní de gas y petróleo, aunque considerada por los yanquis, solo agravaría su formidable derrota. Si bien no es difícil imaginar un éxito inmediato para los yanquis, es imposible que dicho éxito perdure, e inevitablemente conducirá a una derrota de tal magnitud que marcará un punto de inflexión radical en la realidad de la región. Irán está preparando a toda la región y sin duda, levantará un poderoso movimiento guerrillero en su defensa. Cuanto más luchen los yanquis contra Irán, y cuanto más tarden en reconocer que fueron derrotados en todos sus objetivos presentes, además de la humillación ante el mundo entero, mayores serán los altos costos políticos que tendrán que pagar y mayores los éxitos para la causa antiimperialista internacional.

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En menos de cinco años, presenciamos en Irán la tercera gran derrota estratégica del imperialismo estadounidense en sus guerras de agresión. En agosto de 2021, fueron expulsados ​​de Afganistán, retirándose como ratas desesperadas en el aeropuerto de Kabul, aferrados a su avión C-17, totalmente cercados por masas de guerrilleros de la Resistencia Afgana, en medio del estruendo de las bombas detonadas por las masas. El 7 de octubre de 2023, sufrieron, junto con su enclave sionista, la derrota más importante de su historia en Oriente Medio, infligida por la Resistencia Nacional Palestina, en una larga campaña en la que los imperialistas yanquis y los sionistas se desenmascararon como depravados genocidas, utilizando el hambre como arma de guerra, en un territorio de 41 km de longitud, y aun así, sin lograr su objetivo: destruir la Resistencia y tomar Gaza. Ahora, en Irán, en 2026, volverá a sufrir una paliza a manos de una nación oprimida, viéndose obligada a aceptar una derrota humillante que va en contra de todos sus planes estratégicos, o a profundizar la guerra y cosechar, más adelante, una derrota aún peor que solo potenciará su inexorable declive.

¿Qué hay detrás de todos estos eventos? En primer lugar, el mundo ha entrado en un nuevo período. En él, la crisis general de la descomposición imperialista, es decir, del sistema de capital monopolista, alcanza niveles sin precedentes. La descomposición de la base económica va seguida del fracaso de todas las instituciones: la desmoralización sin precedentes de la democracia burguesa, incluso en los países que la construyeron con revoluciones patrimonio de la Humanidad, pero que, en su inevitable ocaso, insistieron en mantenerse, jactándose de ser campeones de la «democracia liberal»; la falta de credibilidad de los regímenes políticos reaccionarios para manipular a las masas a fin de que acepten políticas que encarnan los intereses de las clases dominantes en detrimento de las suyas; la elevación de la explosividad de las masas, movimientos de masas en ascenso en todos los continentes con un grado aún mayor de violencia y radicalismo; el crecimiento de la extrema derecha y el auge del fascismo, como medidas contrarrevolucionarias para estabilizar el régimen en descomposición; el aumento de la competencia entre potencias y superpotencias, crecimiento de las guerras de agresión y el creciente peligro de una nueva y tercera guerra mundial, todo por salvar el sistema de explotación vencido por las leyes de la historia y frenar la abrumadora rebelión de los oprimidos. Esto, por un lado. Por otro lado, la tendencia hacia la unificación del Movimiento Comunista Internacional y el resurgimiento de grandes oleadas antiimperialistas en respuesta a la agresión armada contra los pueblos y naciones oprimidas. Son muestras de un nuevo período en el que, mediante la fuerza de las luchas armadas antiimperialistas, las persistentes Guerras Populares en Perú, India, Filipinas y Turquía, y otras nuevas que se van a desencadenar, incrementadas por la Resistencia Nacional Palestina, la Resistencia Yemení y la Resistencia Iraní, la ofensiva contrarrevolucionaria general del imperialismo yanqui, en declive, transita hacia su bancarrota histórica e irremediable. Estamos, y se comprueba cada día, en el siglo de la victoria de la Revolución Mundial, con el barrimiento del imperialismo, de toda reacción y de todos sus horrores de la faz de la Tierra. ¡Es cuestión de tiempo!

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