Ecuador: ¡NO A LA PRECARIZACIÓN LABORAL! ¡A DESMONTAR LOS PLANES ESCLAVISTAS DEL GOBIERNO TÍTERE DEL IMPERIALISMO!

A continuación compartimos una declaración del Frente de Defensa de los Derechos de los Trabajadores de Imbabura (FDDT-I).


En nada sirvió arrastrar a las masas a la pasada consulta popular. Es un hecho: la gran burguesía, hoy representada por el gobierno comprador, fascista, entreguista y hambreador de Noboa, se limpia con la llamada “voluntad del pueblo” y, con Constitución o sin ella, impone todo lo que redunda en beneficio del imperialismo y de las clases dominantes.

Ahora este gobierno promueve el incremento de la jornada laboral a 12 horas. Y no lo hace en abstracto: el Ministerio del Trabajo, a través del Acuerdo Ministerial MDT-2026-046, firmado por el ministro Harold Burbano, se manifiesta en los hechos como un ataque directo a los derechos de los trabajadores. El gobierno y los empresarios plantean lo que siempre han buscado: la flexibilización de la jornada laboral, bautizada con el nombre hipócrita de “jornada laboral eficiente para el desarrollo”. Es el viejo truco de siempre: rebautizar el despojo como “eficiencia”, la explotación como “modernización” y el abuso como “acuerdo”.

¿Qué busca con esto? Lo esencial es claro: profundizar la explotación y precarizar aún más el trabajo de la clase obrera; es decir, de todos los que vendemos nuestra fuerza de trabajo a cambio de un salario. No es “modernización”, ni “flexibilidad”, ni “competitividad”: es un retroceso histórico y un asalto directo al tiempo de vida de los trabajadores.

Este acuerdo permite al empleador distribuir las 40 horas semanales en jornadas de hasta 10 horas diarias y, mediante supuestos “acuerdos” con el trabajador, extenderlas hasta 12 horas al día bajo esquemas de compensación con descanso: o sea, a cambio de días libres, no a cambio del pago de horas extras o suplementarias. Para colmo, se incorpora una modalidad de “banco de horas”, que posibilita acumular y redistribuir tiempo trabajado según las necesidades empresariales. Para ser más claros: quieren convertir el horario en plastilina patronal, para que el trabajador esté disponible cuando al empresario le convenga, y se “compense” después, si es que se compensa, con descanso.

El corazón del atraco es este: mientras no se superen las 40 horas semanales, las jornadas no generarían recargos del 25%, 50% o 100% por trabajo suplementario o extraordinario. Es decir, un trabajador podría laborar más horas en determinados días sin recibir pago adicional, siempre que luego se compense con descanso. En la práctica, esto abre la puerta al abuso cotidiano: el patrón decide cuándo te exprime y cuándo “te devuelve” el tiempo, y el trabajador queda atrapado entre el cansancio y el miedo a perder el empleo. Ese “acuerdo” no es un acuerdo: es chantaje bajo salario. Esd una eficaz forma de ‘vacunar’ al trabajador.

Alargar la jornada no crea empleo: lo destruye. Si una persona trabaja más horas, se reduce la necesidad de contratar a otra. Es una forma de desempleo encubierto y, a la vez, un mecanismo para aumentar la ganancia empresarial sin invertir un centavo en productividad real. Lo que se “ahorra” el patrón en nuevas contrataciones, lo paga el trabajador con su cuerpo, su salud y su familia.

Además, al incrementar la jornada se abre una puerta para que patronos del sector público y privado eludan obligaciones. En la práctica, se busca normalizar lo que antes era abuso: exprimir más horas por el mismo salario, diluir o bloquear el pago de horas extraordinarias y debilitar la capacidad de reclamar. Se impone así una disciplina laboral de fuerza: “si no aceptas, hay otro que lo hará”, bajo el chantaje permanente del hambre y el desempleo. Y sí, hay tanto desempleo en el país que, empresarios y demás explotadores, saben que tendrán, a la mano, miles de personas dispuestas a trabajar en estas y otras condiciones laborales.

Pero pilas; el daño no es solo económico. Hay efectos “subjetivos” , y muy concretos, que golpean la vida cotidiana de las mayorías: menos presencia de los padres en el hogar, más agotamiento, más tensión y violencia social. En un país atravesado por el miedo y la inseguridad, esta medida empuja a miles de familias a una situación más vulnerable: niños y niñas con menos acompañamiento, hogares desestructurados, comunidades debilitadas. No se trata únicamente de “trabajar más”: se trata de vivir menos, de recortar el tiempo para educar, cuidar, curarse, organizarse y resistir.

Aumentar la jornada también significa aumentar los riesgos: fatiga crónica, accidentes, enfermedades laborales, estrés, depresión. El cuerpo no es una máquina infinita. Y cuando el cuerpo se rompe, el sistema no se compadece: te desecha y te reemplaza. Esa es la lógica: convertir a los trabajadores en piezas gastables, disciplinadas por el cansancio y domesticadas por la necesidad.

Por eso esta medida debe ser denunciada sin eufemismos: es una ofensiva patronal que busca arrebatar conquistas logradas con décadas de lucha, huelgas, persecución y sangre obrera. Lo que quieren es retroceder a condiciones de esclavitud, legalizadas por decreto y vendidas por propaganda. La jornada de 8 horas diarias no es un capricho: es un derecho histórico conquistado contra los mismos que hoy pretenden borrarlo con un “acuerdo ministerial” y una campaña de engaños.

Y esto es solo el inicio. Como se indicó hace un tiempo, la consulta popular no sirve para nada: iban a tirar a la basura la decisión que gane, y ahora lo confirman en los hechos. Van a querer a toda costa despojar a los trabajadores de sus derechos históricos. Si no nos planteamos de manera firme defenderlos, conseguirán posicionar este despojo como algo “normal”, “legal” e incluso “conveniente”.

Los pocos derechos conquistados en largas jornadas de combate nos los están arrebatando. No permitamos que esto continúe. Si hoy aceptamos las 12 horas, mañana vendrán por el resto: por el salario, por la estabilidad, por la organización sindical, por la dignidad mínima. Defender la jornada es defender la vida. Y frente a un gobierno que gobierna para el patrón y para el imperialismo, la respuesta no puede ser la resignación: debe ser organización, denuncia y lucha, hasta frenar esta medida y revertir cada ataque contra la clase trabajadora.

¡NO A LA PRECARIZACIÓN LABORAL!

¡NO A LA JORNADA LABORAL EXTENDIDA!

¡URGE RADICVALIZAR LA LUCHA; A LA FINAL, NADA TENEMOS QUE

PERDER, SALVO NUESTRAS CADENAS!

¡ORGANIZAR, COMBATIR Y RESISTIR!

Previous post Estado español – 8 de Marzo: ¡Por la emancipación de la mujer obrera y migrante!
Next post Amplia condena de la agresión imperialista contra Irán