Estado español – La Cañada Real en pie de lucha: «nuestras casas son nuestras»

A continuación compartimos un artículo publicado por Servir al Pueblo sobre el desarrollo de la lucha por la vivienda en el barrio de La Cañada Real.


Corresponsal en Madrid

La Cañada Real Galiana es un barrio en construcción, un barrio fuera de ordenación urbanística que las Administraciones de Madrid (Comunidad y Ayuntamientos implicados) han decidido borrar del mapa y que sus habitantes, contra viento y marea, se niegan a abandonar. Una parte importante de ellos, al menos, se niega a aceptar la demolición de sus viviendas y el realojo forzoso que están impulsando las diversas Administraciones, un realojo realizado a espaldas de los propios afectados y que, en cualquier caso, no alcanzaría sino a un 20% de las familias que actualmente viven en los diferentes sectores de la Cañada, especialmente en el mayoritario y precarizado sector 6.

Rompiendo prejuicios mediáticos: los vecinos de la Cañada son familias obreras, y no delincuentes

El poblamiento de la Cañada Real comenzó a mediados del siglo XX, cuando la transformación económica del país hizo que perdiera su función la antigua vía pecuaria por la que se trasladaba anualmente al ganado trashumante en busca de los pastos de temporada. En esos años comenzaron a instalarse en la Cañada familias procedentes de diversas zonas rurales del país y de los propios barrios de Madrid de los que fueron siendo expulsadas. En los años noventa, la población aumenta considerablemente con la llegada de muchas familias marroquíes, rumanas y, en menor medida, de otros países de Europa del Este, Portugal y América Latina, que se asientan principalmente en el sector 6. Se configura así un barrio lineal de unos 14 kilómetros de longitud, dividido en seis sectores que atraviesan parte del territorio de los municipios de Coslada, Rivas Vaciamadrid y la propia Capital (distritos de Villa de Vallecas y Vicálvaro). Su población, formada en gran parte por inmigrantes y personas de etnia gitana, no solo enfrenta la pobreza y la exclusión del Estado, sino también el racismo y la estigmatización de las instituciones, políticos y medios de comunicación. Con el crecimiento tanto de los polígonos industriales como de las áreas urbanas de la ciudad, la Cañada Real se ha convertido en un límite geográfico que choca con los planes de los monopolios financieros estatales, que buscan seguir expandiendo sus proyectos inmobiliarios.

En un contexto de gran especulación inmobiliaria en todo el área metropolitana de Madrid y en plena crisis habitacional, el Estado, que no es más que una herramienta de estos monopolios, lleva ya varios años desarrollando una política coercitiva de acoso y derribo contra los habitantes de la Cañada, sin otro objetivo que desalojar forzosamente al barrio entero. Este criminal asedio dirigido contra una población que mayoritariamente se encuentra en condiciones de pobreza y gran precariedad ha consistido en negarle los más elementales servicios públicos, cortando incluso aquellos que en el pasado – de una u otra forma- ya se habían conseguido, permitiendo el vertido masivo de escombros junto a sus viviendas y, sobretodo, buscando aislar por completo a la Cañada a través de un cerco tanto físico como mediático. Físico porque la ausencia de accesos y transporte público impiden la libre circulación y en la práctica limitan el acceso al trabajo, a la educación y a la sanidad de sus habitantes. Mediático porque en los medios se silencia la lucha de la Cañada Real y únicamente se la menciona para criminalizarla, ligarla con el tráfico de drogas y la actividad delictiva en general, para así justificar la inhumana campaña de acoso. Para ello, por supuesto, se valen de toda clase de prejuicios racistas y xenófobos y fomentan el odio a los pobres.

Un barrio acosado por los monopolios

De esta manera, en las áreas más precarizadas del sector 5 y, sobre todo, en el sector 6, se les niegan a los vecinos servicios básicos como el suministro de agua potable (en una parte del sector 6), el servicio de recogida de basura o el servicio de correos. Pero el crimen más grave cometido por el Estado y las empresas monopolistas ha sido el corte completo del suministro eléctrico en octubre de 2020 a la totalidad de las viviendas del sector 6 (el sector más extenso y poblado, donde viven miles de personas). Tras cinco largos años de ausencia completa de suministro eléctrico en el sector seis y ausencia parcial en el sector 5 se han registrado múltiples casos de hipotermia y el fallecimiento de varias personas, incluido un bebé. El argumento del Estado y de la energética Naturgy para cortar la luz fue que se estaban registrando sobrecargas en la red debido a unas supuestas plantaciones de marihuana. En la actualidad, sin embargo, el mercado de droga de la zona se ha seguido desarrollando sin que el Estado tome ninguna medida nueva. ¿Por qué se mantiene entonces el corte de luz? Nadie tiene la más mínima duda de que lo que se busca es forzar a la población a abandonar estos sectores del barrio y continuar con su política de demoliciones -en muchas ocasiones ilegales y sin previo aviso- para tomar el territorio de la Cañada. Otro argumento que esgrimen las instituciones y empresas para justificar el desalojo es que la Cañada está demasiado cerca del vertedero y la incineradora de Valdemingómez, que contaminarían el aire haciéndolo demaisado insalubre. Sin embargo esta incineradora está igual de cerca del barrio Pau de Vallecas, y no se plantea desalojarlo. De nuevo, el Estado demuestra su hipocresía, rechazando desmantelar una instalación que intoxica a toda la ciudad de Madrid, y que de hecho ha sido denunciada por la ONU, con tal de justificar el desalojo de la Cañada.

Esta inhumana limpieza poblacional se viene ya desarrollando por los ayuntamientos de Rivas y de Madrid mediante un plan de realojo cohercitivo y opaco de aquellos habitantes que cumplen determinados requisitos establecidos por el Estado y el derribo sin alternativa de aquellos que se queden fuera del plan de realojo, que son aproximadamente un 80% de los residentes debido a las severas condiciones que se imponen. Entre estas condiciones figuran la de poder demostrar que llevan viviendo en el barrio desde antes de diciembre de 2011 y no haber rechazado vivienda social en los últimos 10 años. Quienes han podido y han aceptado ser realojados en estas abusivas condiciones, lo han hecho sin saber previamente a dónde y en qué circunstancias iban a ser realojados, encontrándose con que se les envíaba a una zona fuera de la ciudad, en una vivienda en malas condiciones o a un coste inasumible para su situación económica, por no hablar de que estos realojos no son vitalicios y la vivienda social expira, perpetuando el problema de estas personas. Se han llegado a dar casos en los que vecinos realojados quisieron volver a la Cañada y se encontraron con que su vivienda ya había sido derribada. Todo esto evidencia que el supuesto plan de realojos no es más que una mentira de las instituciones que buscan dividir a los residentes de la Cañada y así allanar el camino para desalojar a la población y ceder el terreno a las inmobiliarias. Cabe destacar la alta participación en este plan del oportunismo de Izquierda Unida, que gobierna en Rivas Vaciamadrid desde hace decadas, así como de numerosas ONGs que actúan dentro de la Cañada y usan su influencia para favorecer los realojos.

La lucha de los vecinos contra los desalojos

En respuesta a esta campaña de asedio, las masas de la Cañada han llevado a cabo durante años una decidida lucha de resistencia. Para ello vienen desarrollando importantes movilizaciones y acciones entre las que destaca el histórico corte de la Autovía de València (A-3) con barricadas en 2020 en el que se registraron importantes enfrentamientos con las fuerzas represivas del Estado. Numerosas veces, las excavadoras que van a derribar casas a la Cañada Real son recibidas con piedras y encuentran a los y las vecinas resistiendo en la puerta. En abril de este mismo año, ha tenido lugar una manifestación de protesta contra el Ayuntamiento de Rivas Vaciamadrid, al que corresponden los sectores 4 y 5 de la Cañada. Decenas de vecinas y vecinos de los seis sectores marcharon bajo el lema de “Luz, contratos y mesa de seguimiento”. Uno de los vecinos asistentes a la marcha -convocada por la plataforma “Luz para la Cañada”- manifestaba a la prensa que “la Cañada debe y se va a rebelar”. Hay que destacar que las mujeres han jugado siempre un papel especialmente importante en esta lucha. Los cortes de luz, la falta de servicios, de actividades para los niños les afectan de forma particular en tanto que suelen cargar con las responsabilidades del hogar y todas las formas culturales que adopta la opresión patriarcal, lo que ha tenido como respuesta una intensa organización de las mujeres por sus derechos y condiciones de vida.

Ahora, la asociación de mujeres de la Cañada Real Tabadol, la PAH de Vallekas y La Laboratoria han convocado una nueva campaña de apoyo a la que se están sumando numerosas organizaciones y personas independientes y en la que una de las pricipales acciones será una marcha que conecte a la Cañada con el resto de la ciudad el 31 de enero de 2026. Las masas de la Cañada han asumido como su principal reivindicación la concesión de los terrenos en los que viven, pues identifican que sin resolver esta cuestión no pueden resolver todos los demás problemas que enfrentan. Para recuperar la luz y el agua, para garantizar su derecho a la salud, a la educación de sus hijos, para que el vertedero y la incineradora dejen de envenenar el aire y el suelo, necesitan una casa, una comunidad, una tierra que les pertenezca y por las que luchar. De esta forma se niegan a romper sus vínculos comunitarios y sus estructuras de lucha para ir de realojo en realojo, de falsa promesa en falsa promesa. Las vecinas y vecinos de la Cañada Real se han plantado, han decidido tomar su futuro en sus propias manos y reclaman el apoyo de los movimientos sociales y las masas del resto de la ciudad y todos los demás territorios del Estado.

¡Romper el cerco a la cañada Real!

¡Cañada se queda!

¡Nuestras casas son nuestras!

¡Defender nuestro territorio es defender la vida!

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